lunes, 21 de marzo de 2011

Burbuja

La búsqueda de uno mismo no es sencilla, pero la meta tampoco es imposible.

La mayoría de las veces no comprendemos que las cosas pasen de una y no de otra forma. Quizá sea porque vivimos en nuestra gran burbuja, llena de deseos que creemos imprescindibles.
De repente un día te despiertas y todo se viene abajo y sientes que la vida te atrapa en el vacío. Es en este punto cuando quiere que te des cuenta.

Siempre, de alguna forma, la vida misma se encarga de sacudirnos. Esa es simplemente su maravillosa forma de decirnos: por qué? Y cuando llegas a esa pregunta, finalmente empiezas a dilucidar cuáles son en realidad tus más profundos anhelos, escondidos y aplastados por los fantasmas de ideologías; de lo infundido, lo plasmado, lo moldeado.
Cuando estás en la burbuja, se hace más difícil despejar el camino. Para ello es preciso darnos un voto de confianza, manteniendo los ojos bien abiertos frente a las señales que se nos van dando.

Aunque muchas veces no nos guste lo que vayamos viviendo y observando, hay que aceptar que nada es perfecto y que por alguna razón -y aunque no la entendamos en ese preciso momento- estamos en este punto y que, a pesar de cuantas veces hayamos tropezado, tenemos el privilegio de estar aún aquí con algo de camino por recorrer, aprendiendo cosas nuevas y, sobre todo, tropezándonos, para finalmente, poder entender.

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