Somos lo que somos. El cúmulo de decisiones que tomamos día a día.
Somos el color del cepillo de dientes, el libro en la mesita de noche, la foto en la billetera... Todo lo que hacemos o dejamos de hacer a diario; las personas que conocemos, los amigos que escogemos, a las que amamos. Todo habla sobre nosotros.
Día a día tomamos decisiones; escogemos y dejamos ir un sinfín de aspectos de nuestras vidas. Es cierto que somos nuestras elecciones, pero si nos detenemos a pensar, también somos lo que dejamos ir.
Solemos tener un filtro de acuerdo a estándares que nosotros mismos elaboramos o que nos dejamos meter en la cabeza como mensajes subliminales uno tras otro. Filtramos las cosas y a las personas y, algunas veces, nos filtramos a nosotros mismos. Nos dejamos ir.
Soy consciente de que lo que haya dejado ir, o a quien haya dejado ir también hace parte de mí. Cada día de mi vida hace parte de mí y me hace ser quien soy hoy.
Si te dejé ir ya no importan las razones. La vida hace que todo fluya y cambie siempre a nuestro favor y aunque nuestros caminos ya no se encuentren, hacen parte de una historia que sólo merece un final feliz.